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Islas Galápagos-Ecuador

Mis tres cafés sensoriales de vida

Mis tres cafés sensoriales de vida

Por: Adriana Meza Vera Email: adrianameza510@gmail.com

Nos disponíamos a ir por un clásico helado de coco de Don Fernando Tuárez, quien es un ícono por más de 40 años vendiendo estás delicias ya sea en los conos de barquillos o el famoso helado con pan en la avenida 2 de mi natal Manta, de repente la vieja casona con un gigantesco número que muestra su vieja data desde 1018, llamó nuestra atención.

Allí el personal que custodia el Museo Municipal Etnográfico Cancebí de Manta, nos invitó cordialmente a recorrerlo, mientras ascendíamos por las gradas de madera, las paredes de caña nos adentraba a la esencia de nuestra cultura manabita, en esa mezcla de tradiciones campesinas que caracterizan a nuestros montubios y cholos. Ver cada utensilio, cada detalle que nos conecta con nuestros ancestros y que nos honranel ser manabitas, ser parte de esta maravillosa diversidad de nuestro amado Ecuador.

La emoción de ese instante, no bastó, para rematar en mi sentir cuando luego de ese momento especial, tras el recorrido, encontrarme en la planta baja con una muestra maravillosa en un pequeño pero significativo espacio, con aroma a productividad. Allí junto a una mesa con unas cuantas sillas, aguardaba un ser extraordinario, esperando en esta ocasión a sus visitantes especiales que habían llegado en uno de esos tantos cruceros internacionales que arriban al puerto de Manta, para demostrar con sus conocimientos y experiencia, las potencialidades  del café manabita.

Café del Valle

Sí, se trataba nada más ni menos que de Yefferson Sánchez, barista profesional de Café del Valle, cuyo carisma, sonrisa y calidad humana a simple vista lo hace accesible, pero que además mientras nos va mostrando con conocimiento cada detalle, textura, sabor y consistencia del café, nos adentra a un mundo sensorial, que por un instante pensé que era exagerado concatenar aspectos emocionales a un aroma, del que al fin hoy como algo mágico lo experimenté.

Jamás mi paladar se había deleitado con un café con sabores cítricos sin azúcar, ignoraba muchos o casi todos sus detalles, que se van descubriendo a través de los amantes del café y de especialistas como Yefferson, quien con la paciencia, pasión y vocación que lo caracteriza, contagia su inmenso amor por lo que muestra en cada una de sus presentaciones del Café del Valle, producido en Portoviejo, la capital de los manabitas.

Tan solo una pequeña muestra en medio de la información que se hacía cada vez más amena con la retroalimentación a las inquietudes. Una pausa en la degustación, me hacía entender esa conexión emocional a la que se refería Yefferson, cuando una mezcla de emociones me invadía un recuerdo de infancia en la casa de campo en Las Delicias, de la conocida “Al empate Calceta”, donde por primera vez tomé café pasado del campo, que no era más que el café que producían, lo tostaban y luego lo molían para de allí filtrarlo.

No me considero una caficionada, pero suelo acompañar algún bocadillo de verde o plátano con café, porque a mi criterio combinan a la perfección. Hoy puedo referir como parte de una bitácora de mi existir, los tres cafés más importantes de mi vida: La experiencia del café de mi abuela Jacinta, el café que me preparó mi esposo como un acontecimiento muy especial de nuestras vidas y ésta muestra del café de Yefferson, como una vivencia maravillosa, que sintetiza el alma y sentir de los manabitas. #youtube @adrianameza1 Instagram @AdrianaMezaV

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